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Decisiones en la vida de los animales

encarni 20 noviembre, 2008 1

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Cuando tenemos un perro, un gato o cualquier otra mascota, es normal ser el responsable de la misma; es más, somos nosotros quienes tenemos que decidir sobre lo que van a comer, dónde van a dormir, qué tiempo les vamos a dedicar, etc.

Pero una de las decisiones más difíciles a las que nos tenemos que enfrentar es: ¿debemos dejarle marchar? Con esta pregunta nos referimos a las mascotas que se encuentran enfermos y nuestro veterinario no nos da una solución de curación sino una para intentar alargarle la vida durante más tiempo para que esté con nosotros.

La decisión es muy difícil en muchos casos, si se elige no hacer nada, dejar que siga su curso la enfermedad te culpas de no hacer nada, incluso llegas a pensar que has sido tú el culpable de su muerte porque, quizás, podría haber vivido.

Por otra parte, si se elige someter al animal a las pastillas, inyecciones, etc. para alargar su vida, puedes encontrarte con ir viendo día a día el sufrimiento del mismo y pensar que has sido egoísta por tu parte al decidir esa forma de vida sólo para que no te abandone.

Nosotros no podemos decirte, si tu mascota está enferma haz esto o aquello, sería mentirte y no actúar con objetividad. Todo dependerá de los casos en los que te encuentres.

Hay casos en los que, aún estando enfermo el animal, ha logrado sobrevivir muchos años, aún sin tratamiento. Lo único que puedo dar a aquellas personas que tengan mascotas es mi experiencia. 

Yo tenía un perro, un pastor alemán, que me regalaron con 11 años. En esa época conocía a los padres del mismo y me encariñé rápidamente con el perro. Sin embargo, 3 meses después de regalármelo (cuando ya tenía 4 meses) recibí una noticia increíble: todos sus hermanos y los padres habían muerto de una enfermedad sanguínea.

Intentaron quitarme el perro para que no sufriera cosa que no consiguieron y, efectivamente, también padecía la enfermedad. Para él, cualquier cosa que se hiciera (cualquier herida) significaba una infección que nunca se curaba y que iba descomponiendo la herida cada vez más.

El veterinario no me daba solución alguna, decía que era algo incurable, que tenía en la sangre y que no podía hacer nada, sólo calmantes y más calmantes.

Pero el perro estaba bien, estuvo bien sin medicación, curándole cada vez que tenía una herida, y estando pendiente de él siempre… Así durante 8 años… Al final de su enfermedad ya no me dejaba acercarme y cuando me veía se escondía para que no lo viera.

Fue uno de los peores días, cuando tuve que tomar la decisión de no ver sufrir más a mi perro; cuando sus ojos me pidieron que acabara su sufrimiento…